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¡Confianza en estos farsantes, ninguna!

 



En Domincana, el descaro entre los políticos tradicionales tocó fondo, por lo que la población se encuentra hoy bastante crispada: y, como consecuencia de eso, el sistema de partidos aquí establecido, luce estar yéndose de bruces, no solo ahora, sino desde hace años. Claro, ya la “marea” en ese sentido último, está subiendo bastante, y obligando, prácticamente, a que la sociedad no se deje arropar por completo.

Esas instituciones, que se supone sean entidades al servicio de la gente, las han estado convirtiendo en jugosos negocios lucrativos personalizados. Lo de servir al pueblo, pasó de   moda hace mucho aquí.

En tales espacios sociales, también están gravitando desde años, más que todo, poderosos grupos empresariales nacionales, como extranjeros, los cuales patrocinan campañas electorales; condicionan, y como es obvio suponer, trazan agendas allí, pautadas significativamente en su favor.  

Además, adecuados son esos, para que sirvan como cobijo a los inversionistas destacados del patio, dentro de ese ejercicio, a los fines de poder agenciarse desde su seno cuántas fechorías se propongan; y, como plataformas necesarias, para lanzarse en busca del poder en esta nación.

Cada vez, los votantes locales, que siempre son usados nada más que como tontos útiles, solo importan pata que vayan a sufragar en las urnas durante los procesos electorales, luego de estar hablándoles un sinnúmero de mentiras, como de hacerles promesas que jamás se habrán de cumplir.

Pero ocurre que, los ciudadanos burlados – borregos que eligen se les entiende -. están reaccionando con cierta velocidad, y ya la pava no pone donde lo hacía anteriormente, como dice un refrán popular. ¡Están abriendo los ojos!, al tiempo de prestarse a reclamar sus derechos ciudadanos, como a ir en busca de alguien que en verdad esté en disposición de satisfacer sus necesidades más perentorias.

Obvio que, por los precedentes que se tienen, difícil lo encontrarán en el ámbito de alguno de los partidos políticos aún vigentes, aunque ya quemados, en esta República.

Está claro que, los pueblos se van cansando de las tantas mofas y engaños en que incurren los políticos después que pueden alcanzar el poder, y que se sienten estar por encima del grueso de la sociedad que los elige. Se sienten tales dioses, que ni siquiera llamadas telefónicas toman posteriormente de sus proclamadores.

No cambian sus procederes desaprensivos. Les importa más que todo lo material en su favor. El pensar recurrente es estar bien ellos, aunque al pueblo se lo siga llevando el diablo, como se dice popularmente.

Como consecuencia, la irritación pueblerina se va acentuando más cada vez. Las actitudes que asumen esos turpenes son desastrosas. ¡Cuántos desencantos y rechazos pues, se recogen a posteriori!

Lo peor de las ejecutorias gubernamentales entonces, cada cuatrienio, es cuánto se va conociendo públicamente después que concluyen los mandatos, y las nuevas autoridades que asuman lo hacen del conocimiento público: corrupción a granel; desfalcos al Estado encontrados; hipoteca de la soberanía nacional; como, acciones encaminadas siempre en contra de la población votante, etc.

Es fácil de entender que, todo lo que ocurre entre los dominicanos hoy en el tenor de lo tratado, es producto innegable de que los verdaderos líderes político nacionales han desaparecido, por razones biológicas principalmente, quedando el país en manos de una serie de discípulos ingratos, que no asimilaron aquellas loables enseñanzas recibidas. ¡Destacable la aseveración!

Que lo que han hecho, sin temor a un señalamiento equivoco, es deshonrar las memorias póstumas de sus mentores, e ir convirtiéndose de paso en jefes de pandillas, cuyos miembros se encuentran enquistados en el seno de las instituciones partidaristas que heredaron de sus fundadores otrora.

Esos, nada más se han empeñado en hipotecar la nación; construir una escalera de empréstitos con el exterior, a pesar de los funestos recuerdos relativos de compulsión extranjera que se tuvieron en el pasado; entregar la soberanía nacional; trabajar en favor de sus intereses personales, como también de los poderosos grupos económicos que patrocinan sus campañas electorales. Lo relativo a servir al pueblo, como decían antes los patriotas idos, hace años que se tiró por la borda.

El referente de mayor peso quizás, con respecto a lo aquí abordado, son los frutos de la gestión peledeista durante dos décadas, dentro de los cuales hubo de todo; pero, como es bien sabido, con más inclinación hacia lo deplorable, lo perjudicial para el país, en términos de lo señalado precedentemente, destacándose la flagrante burla a uno de los pronunciamientos más puntuales que hiciera el gran maestro, único líder, y mentor primigenio por excelencia de las huestes moradas (Juan Bosch), en pos de vender entonces la imagen pública de la institución última por él creada (PLD).

Dijo ese gran hombre en aquella oportunidad:

“Los dominicanos saben muy bien que si tomamos el poder no habrá un peledeísta que se haga rico con los fondos públicos; no habrá un peledeísta que abuse de su autoridad en perjuicio de un dominicano; no habrá un peledeísta que le oculte al país un hecho incorrecto o sucio o inmoral”, (Año 1982).

Maestro, todo se dejó de lado durante los gobiernos encabezados por dos de sus discípulos más aventajados durante su gran obra; probablemente, a los que menos lucía hacerlo tan mal. ¡Penoso, verdad!

¡Qué fiasco!, con efectos traslativos innegables hacia las demás instituciones del sistema local de partidos, provocando su requebrajamiento fehaciente, como la posibilidad misma, de que desaparezca en corto tiempo: Sabido es que, el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), se consideró como la gran esperanza de lo reivindicativo nacional.

Sin embargo, la frustración derivada de sus gestiones minó el pensar de esta población, que ahora está mirando, por necesidad, hacia otra forma de gobierno – nada de seudo democracia representativa – que no provenga, claro está, de ninguno de los partidos del ruedo, descreditados todos.

Según un informe último del PNUD, “Al 68% en RD no le importaría tener gobierno no democrático” (“Diario Libre, del 23-6-21, página 7).

Y, es obvio que, ese dato dice claramente, cuál seria la línea a seguir por los pensantes nacionales, aunque algunos aprovechados de los que hoy se tienen, quieran interferir con el propósito pueblerino.  

Cabría agregar aquí, a manera de acotación, que según dicen algunos investigadores sobre la historia patria de determinados países que han sido gobernados por regímenes de fuerza durante años, que luego de su derrocamiento, debido a los deterioros internos que se producen, en términos sociales, institucionales, y otros, el promedio de retorno con respecto a aquellos. ronda entre los 42 y 45 años, a los fines de poder enmendar.

Luego, la reflexión obvia con relación a Dominicana, es que ya han pasado en esta nación más de 50 años, por lo que ese regreso podría bien cerca, de seguirse verificando esa estadística.

Al parecer, ¡se jartó este pueblo de los farsantes líderes en los partidos!, que se mofan de la gente y la engaña sin rubor alguno; como de que, en adición, se continúe gobernando solamente para los ricos en esta República, el grupo selecto de siempre, tal ha sido norma hasta el presente.

Finalmente, preciso es destacar que, ahora podría rebosar la copa del cansancio e indignación ciudadana, como acelerar el desplazamiento compulsivo de los partidos, el verse frustrado el cambio por el cual se inclinó a votar este pueblo durante el próximo pasado torneo electoral, que se está vislumbrando como que cada vez se encuentra más lejos de lograrse, después que ha estado gobernando el PRM, casi un año. ¡Cuidado!, podría ser la última institución de ese tipo que saboree las mieles del poder entre los dominicanos.

Autor: Rolando Fernández

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