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¿Por qué no recuperar los dineros mal habidos, por parte de los políticos del patio?

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 ¡No es “capciosa” la interrogante! Sí que se reporta como justiciera más bien la misma, en la mente de todo pensante local que le preocupe su país, frente a los escándalos de corrupción que tienen jarta a esta sociedad

De ordinario en la nación dominicana, los gobiernos recurren a las gravosas cargas impositivas en contra de la población – “el burro para soportar” -; al igual que, a la concertación de préstamos, tanto a nivel local, como con el exterior -, para poder equilibrar los presupuestos públicos de la República, anualmente.

En ese tenor, muy poco es lo que se piensa en recortar gastos oficiales; en controlar los despilfarros de recursos económicos estatales, como esos de las subvenciones a los partidos políticos, entre otros.

Ha sido esa, y se entiende continuar siendo, la norma recurrente en el país, aunque en el presente gobierno, algunos amagos se están haciendo para procurar enmendar, principalmente con respecto a ese último renglón, pero que lucen como intentos fallidos hasta ahora.

En otras líneas, no se advierte el querer descontinuar eso del barril de cuartos que se gasta en publicidad estatal, y “bocinajes” loadores. Tampoco, el introducir la iniciativa casi obligada ya, de disminuir los salarios escandalosos, y demás beneficios que reciben los funcionarios públicos; y, menos rebajar considerablemente el bojote de fondos dispuesto para senadores y diputados de la República, que solo van allí a levantar las manos.

Como agravante de consideración es evidente que, la captación de mayores ingresos por parte del fisco, justa y equitativa, de forma tal que los aprestos recaudatorios resulten lo menos lesivos, y a la vez rciprocratorios para el país, en términos de desarrollo, y beneficios dirigidos hacia su lastimada sociedad, también se está dejando de lado

A ese respecto, y dadas las causales recurrentes que en gran parte provocan situaciones deficitarias alarmantes a nivel del presupuesto púbico nacional, la gran pregunta sería: por qué no procurar la recuperación de los dineros que normalmente se llevan muchos de los políticos locales entre las uñas, durante cada gestión de gobierno en que les toque participar, haciendo honor a la deleznable práctica instaurada aquí desde hace años: la rampante corrupción estatal innegable.

Eso, en vez de proseguir endeudando el país, y castigando a este pueblo con mayore impuestos, para tratar de compensar los faltantes de los recursos fiscales requeridos, para satisfacer necesidades sociales exigidas, como de otra naturaleza.

En ese sentido, la repuesta inmediata que emanaría de la pantalla mental de quienes correspondería actuar es: “eso tendría que ser a partir de los procesos judiciales que se debe llevar a cabo, y esperar por las sentencias definitivas de embargos, lo cual conllevaría mucho tiempo.

Evidentemente, sería una repuesta aceptable hasta cierto punto, por las urgencias de recursos que en determinados momentos se tienen; aunque, no la mejor para todos los robados, el pueblo víctima, que seguirá cargando, con impuestos, e hipotecas, incluso a su soberanía.

Al mismo tiempo, y como se habrá de suponer, de bastante complacencia sería tal justificación para los corruptos denunciados, que dirían a todo pulmón: “a ver si pueden caballeros; mientras tanto, a disfrutar de nuestras riquezas”. ¡Qué siga la impunidad!

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No obstante, algo se tiene que hacer, ¡y se puede!, para el combate fructífero de ese flagelo tan lacerante.  Eliminar el borrón y cuenta nueva es de lo que más procede, cada vez que hay un cambio de gobierno, que se daría, obviamente, siempre y cuando haya voluntad política, para que los recursos sustraídos al fisco regresen, y contribuyan a reponer sus arcas.

“Pensando en voz alta” como se dice, podría crearse un fondo especial, restringido para un uso específico: cobertura anual de los desequilibrios presupuestales que se presenten al inicio de cada año; y, que se nutriría con el depósito en ese de los dineros que se obtengan intra períodos gubernamentales de cambio, cuando se estarían procesando los expedientes por corrupción sometidos a la justicia; y, que como complemento, el Poder Judicial mantenga su independencia, a pesar de los que a nivel del Ejecutivo se puedan verificar  cada cuatrienio.

Claro, para la gestión gubernamental presente, se podría tornar imposible la iniciativa del uso de la fuente señalada, para reponer recursos estatales requeridos, dado que no ha sido la norma hasta el momento, por lo que debe ser sustituida en gran parte mientras tanto, por los recortes de los gastos innecesarios en los que se incurre desde el Estado, verbigracia los que se señalan más arriba.

Bien presente se debe tener que, lo que más procedería con relación a los tantos corruptos que hay en este país, no es solo procesarles judicialmente en los tribunales de la República, y llevarlos a las cárceles nuestras, sino también, despojarles de los dineros mal habidos, en contra de este depredado pueblo, que es el que siempre tiene que pagar los platos rotos, vale ser reiterativo.

Obviamente, para ello tendrían que aparecer entre nosotros, hombres con pantalones, y pelo en pecho; qué se atrevan a impulsar acciones de ese tipo, las cuales de seguro encontrarían gran respaldo en la población dominicana. ¡A ver si llegaron en esta ocasión!

Sí que también se impone, el que las ataduras con los “bandidezcos” sectores empresariales que aquí gravitan, y que por lo regular patrocinan campañas electorales, tienen que ser dejadas de lado; pues de lo contrario, muy difícil lograr éxito en ese sentido.

Pueblo, es en esa línea por la que hay que inclinarse, para elegir gobernantes pulcros, y con coraje, al tiempo de presionar a continuación, la conformación de séquitos acompañantes compuestos por hombres probos y capaces.

Reparar en que, el Estado no produce dinero alguno; se nutre del mismo pueblo, por lo que es este último a quien en realidad desfalcan los políticos aventureros y comerciantes, que se destacan dentro de ese ejercicio en Dominicana, lo cual va en perjuicio alarmante de los servicios  de salud requeridos, y demás necesidades prioritarias que te acogotan de ordinario.

Solo así se evitará, qué se continúe endeudando más este país, con eventual afectación de la soberanía nacional – emisión de bonos soberanos – con empréstitos concertados para cubrir desequilibrios presupuestarios, producto en gran parte de los robos en que incurre un alto porcentaje de los políticos tradicionales que nos gastamos los dominicanos, con rarísimas excepciones.

Y, como complemento, se obtendría la suspensión, o moderación de los tantos gravámenes impositivos con que se viene siempre afectando a esta sociedad, burlada de ordinario por los gobiernos que les toca dirigir la nación.

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