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Lo que se advierte: continuidad de lo mismo



El cambio que se propuso la población a través del voto popular en julio próximo pasado, ¡llegó! Pero, parece ser que el mismo siguió de largo, pues por lo que se está observando, a pesar del poco tiempo transcurrido desde la toma de posesión de las nuevas autoridades, se infiere una eventual continuidad de la misma forma de gobernar la nación, que ha estado rigiendo durante los últimos lustros.

Se está advirtiendo, qué el esfuerzo que hiciera la población por agenciarse un sistema de gobierno más justo, y menos desaprensivo, un real cambio en la conducción y administración del Estado nuestro, por encontrarse esta sociedad inconforme casi en términos generales, habrá de resultar infructuoso, lamentablemente.

Es notable desde ya, que todo se dirigirá nuevamente hacia lo personal y lo grupal, como siempre ha sido, desde hace varias décadas, dejándose de lado las innúmeras necesidades perentorias de la sociedad. El grueso del pueblo es lo que menos cuenta después, para los que logran alzarse con el poder. Cuánto se ofrece en campaña se queda luego en carpeta.

En consecuencia, es entendible el que se esté reflexionando hoy, sobre lo infructuoso aparente, respecto de los riegos que corriera la ciudadanía para concurrir de manera masiva a las urnas de votación durante el último proceso electoral llevado a cabo en el país, y decirles desde allí a los que estaban mandando, ¡se van ya!; en medio incluso de una peligrosa crisis sanitaria, la pandemia del Covid19, que viene azotando la República.

Se está ante la incertidumbre de un eventual fracaso de aquel marcado esfuerzo, en el sentido de que los frutos esperados no se obtengan. Y, además, de cuánto habría que hacer para lograrlos, en el caso de que así finalmente ocurran las cosas. Está en ese marco preocupante también, la definición de posibles acciones futuras, y la elección de la alternativa social más apropiada para obtenerlos.

Las ejecutorias llevadas a efecto hasta el momento por la nueva orquesta gubernamental de turno instalada, lucen poco halagadoras, por cierto; como, tampoco prometedoras del bienestar aspirado por la gente; mismo que, venía sucediendo con las precedentes, supuestamente desplazadas, y coloreadas distinto. Por similares caminos se está infiriendo que se irá; que todo continuará igual, y quizás hasta peor. ¡Ojalá fallen los presagios!

Se está considerando que las cosas proseguirán de la misma manera que antes. Pocos efectos se notan haber cambiado, si es que acaso algunas enmiendas se han producido, respecto de lo inmediatamente otrora. Lo que si innegablemente se ha estado haciendo es, hablar hasta por los codos, y ofrecer muchas cosas en el aire, como siempre se estila entre los políticos embaucadores que se gasta esta República.

Por hacer mención a algunas de las problemáticas nacionales, de esas que más a la vista están, ignoradas hasta el momento por los recién llegados al poder, se tienen, por ejemplo, en primer lugar: el caos en el tráfico vehicular a nivel local, que lo que hace es, empeorarse cada día más; ¡qué no mejora nunca!

En relación con ese problemazo, los agentes de la llamada “AMET”, en vez de aportar alguna solución, por órdenes de arriba, para combatir el desorden fehaciente en el área, lo que siguen es haciendo “torpezas” en las vías principales de movilidad vehicular, asumiendo las direcciones de tráfico medalaganarias a las que recurren de ordinario; marginando el funcionamiento de los semáforos instalados, y creando mayores taponamientos de automóviles; como, enfadando y desesperando a los conductores que transitan, por estar varados durante tiempos indefinidos, sin necesidad aparente.

Lo que en el presente se observa en ese orden, es espantoso, a pesar del cierre de las actividades docentes presenciales en el país; de lo que se exime la gente de salir a las calles. por el asunto de la pandemia sanitaria que acosa, y pone en riesgo la vida de las personas. ¿Qué será después de una eventual normalización?  ¡Habrá que comprar helicópteros, para poder moverse de un lugar a otro en esta nación, con la oportunidad debida!

En esa línea, tal parece como que, sigue la intención de provocar mayores consumos de combustibles por parte de la población, para el gobierno agenciarse más ingresos por concepto de impuestos a los mismos, según es lo que siempre se ha creído al respecto; pues, no se entiende el que se haya continuado con esa práctica impopular de intervención policial, a pesar de las tantas quejas, o reclamos, que se han elevado en tal sentido,

Por otro lado, los abusivos apagones eléctricos continúan “viento en popa”, como se dice a nivel de pueblo, y hasta más extensos podría asegurarse, con el acompañamiento de cobros tarifarios onerosos en contra de la población usuaria, víctima de ese proceder cuestionable por parte de las famosas distribuidoras (EDES), desde hace años.

En cuanto a la determinación actual de los precios de los carburantes, y en el mismo tenor de las cosas olvidadas hasta el momento por los mandamases presentes, se continúa aplicando igual  fórmula utilizada anteriormente, con las variables más que subjetivas, y medalaganarias, introducidas por los economistas corporativos que intervinieron en su elaboración; y todo, como es obvio suponer, en connivencia con los sectores de poder entonces, a ser consideradas las mismas, según las circunstancias políticas del momento; como, de la necesidad de captación de ingresos gubernamentales que prevaleciera.

Los afectados y fallecidos como consecuencia de la pandemia del COVID-19, en curso, según las informaciones que se publican, continúan in crescendo, quedando más evidenciada cada vez la deplorable administración gubernamental en torno a la peligrosa crisis sanitaria que ha venido haciendo estragos entre los dominicanos, y que ha desnudado por completo el ineficiente sistema de salud que tiene esta nación, cuando tantos dineros se dilapidan en cosas innecesarias; verbigracia, el costear las actividades politiqueras de los partidos del sistema;  cuando, no es que, los cuartos que oficialmente les entregan, van a parar a las cuentas de sus más altos representantes.

Y, para agravar más el desolador panorama económico nacional, siguiéndose hoy se está, con el gran lío, presente y futuro, que se le ha venido creando en este país: el fardo del endeudamiento externo, causal de obligaciones corrientes a cubrir hoy, por un lado, si cabe el término, (intereses, comisiones y demás).

Por el otro, con el gran pasivo que innegablemente tendrán que cargar en el mañana los que vienen de detrás, sin saberse cómo se podrán honrar después esos compromisos, altamente condicionados, por supuesto, y hasta con afectación de la soberanía nacional.

Ese gravoso endeudamiento sigue en aumento bien progresivo. Ya se vio el último regalo a la población, con la reciente emisión de bonos soberanos que se hiciera, el estreno. ¡Bastante jugosa!, no cabe duda.

Las grandes pesadillas sociales y estatales con las que tendrán que lidiar, tanto el actual gobierno, como los futuros a surgir, son innúmeras. Es obvio que, muchas de esas requieren de estudios, ponderación sosegada, y finalmente la introducción de las enmiendas necesarias; pero, sobre todo, de una fuerte voluntad política, por lo que se tendrá que esperar con respecto a los posibles manejos adecuados, y las soluciones pertinentes

Ahora, con relación a las descriptas anteriormente, tan visibles desde cualquier ángulo, los indicios de corrección deben comenzar a ponerse en evidencia, como muestra de que se quiere trabajar en favor de los afectados aquí, como de la población en sentido general.

Por otro lado, el continuismo de los padrinazgos, como las reciprocidades entre políticos y los empresarios financiadores de campañas electorales, como ha sido siempre la norma en Dominicana durante los últimos tiempos, es más que evidente de nuevo hoy. Solamente se tiene que reflexionar sobre los perfiles de los componentes del nuevo gabinete estatal, millonarios, con raras excepciones, y representantes de grupos económicos, en su mayoría.

Ojalá, que al menos haya en el presente, y futuro inmediato nacional, un rompimiento sensible del noviazgo entre la corrupción estatal rampante y la impunidad judicial recurrente, que se pueda reportar como parte del cambio que tanto anhela la población, aun sea como un “paliativo refrescante” previo, en el tenor de todo lo tratado, mientras se espera un poco por todos los demás.

Autor: Rolando Fernández

www.rfcaminemos.wordpress.

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