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Ay de mi país, qué pena! La verdad es que, nunca lo imaginé así



Qué lástima lo que hoy es Dominicana, considerada por muchos como un Estado fallido; y por otros, tal una selva de cemento más en el área del Caribe.

Podrán tener razón o no, los que así opinan; pero, ponderando esos pareceres desde un punto de vista persuasivo, e imparcial, hay innúmeras realidades concretas que se verifican a nivel de la misma, a partir de las cuales se podría decir, sin temor a equivoco, que los que así catalogan al país, no están muy lejos de la verdad. No cabe duda alguna, de que los hechos, y los comportamientos sociales impropios locales son los que hablan, ¡quiérase o no!

Cualquier pensante medio solo tiene que retrotraerse a algunas décadas atrás, y comparar las características hoy a todos los niveles, respecto las de otrora; al igual que, los mismos patrones de conducta que observa hoy la ciudadanía casi generalizada, y los pasados, con inclusión de aquellos que ostentan en el presente las seudo autoridades que se gasta la nación, que de ordinario solo miran hacia sus intereses particulares, como a los de esos grupos cachanchanes – adeptos, que les catapultan económicamente durante las campañas electorales, hasta alcanzarse el poder político propuesto. .

Fehaciente es que, el pueblo aquí solo cuenta para que la gente vaya a sufragar cada cuatrienio, y después, “si te vi se me olvido”, como reza un dicho local. Los aspirantes a subirse en el palo, nada más recorren los callejones polvorientos de los barrios carenciados, y se abrazan con los niños harapientos, desnutridos, como mocosos, durante los procesos de elección. Luego borran eso lugares de sus mapas para transitar.

Producto de las displicencias gubernamentales recurrentes, esta República va cada vez hacia la deriva; y, el único palo para recostarse que tienen los mandamases de turno es el recurrir a los endeudamientos, tanto externo, como interno, con eventual afectación incluso de la soberanía nacional los primeros, en cualquier momento inesperado.

A coger prestado, e hipotecar en el exterior la nación, sin saberse quienes tendrán que cargar en el mañana con el pesado fardo de los empréstitos concertados, en términos de tener que honrar luego los compromisos contraídos, los cuales, evidentemente revisten por lo regular, serias condicionantes a tener siempre bien presentes, para evitarse mayores complicaciones inmediatas con los acreedores; o, crearles  serios problemas a la generaciones venideras.

Cuando se repara en lo institucional y lo social propiamente, a nivel nacional, con facilidad se nota que, “todo anda manga por hombro”, tal expresa un refrán entre nosotros; que el ordenamiento requerido se resquebraja de forma acelerada; y, que no hay la real independencia de acción que debe reinar entre los tres poderes que encabezan el Estado nuestro: Legislativo, Ejecutivo, y Judicial.

Que esos se interrelacionan en base al conjunto de intereses económicos y políticos que primen; como, de los apañamientos, e impunidad judicial, con relación a los actos de la corruptela estatal ordinaria en esta nación, entre otros factores incidentes.

Innegable se reporta, además, el hecho de que no existe en estos representación social, o poblacional alguna; y, mucho menos, la intención de inclinarse por agenciar, de forma conjunta, una administración, como aplicación efectiva generalizada de la justicia exigible, para bien de la Republica.

Por otro lado, la conciencia ciudadana global continúa desplomándose a cada instante. Las normativas legales vigentes no se observan; como tampoco, un sinnúmero de patrones básicos de convivencia humana. que jamás se deben perder de vista, para el desarrollo, y sostén necesario de la sociedad.

Este país, lo que parece es una amplia zona urbana de tolerancia, en la que cada cual se mueve y procede a voluntad; donde no hay miramiento alguno con respecto a los congéneres que puedan resultar afectados; como tampoco, control de las supuestas autoridades que se tengan; y más, cuando se está en medio de algún proceso político electoral, por temor a la pérdida de votos ciudadanos. ¡Qué me importa!, se escucha con frecuencia decir a mucha gente desaprensiva; yo hago hoy lo que me venga en gana.

Por ello, en cualquier esquina de una vía de tráfico aquí, aparece instalada una “fritanga”, de la noche a la mañana. No pocas son las aceras que se observan repletas de obstáculos diversos (venduteros públicos pequeños ejerciendo – ¡ay los pasos peatonales extras, qué pena dan! -, materiales de construcción, talleres, extensiones de negocios instalados en la zona, vehículos parqueados), impidiendo el paso de los peatones, y hasta poniendo sus vidas en riesgo, cuando tienen que lanzarse sobre los automóviles que se mueven, o circulan, prácticamente, para poder transitar hacia los destinos a que se dirigen.

Nada más hay que recorrer algunas calles y avenidas de la ciudad capital, principalmente, para percatarse de lo señalado más arriba, como de las innúmeras practicas indebidas en la que incurre la ciudadanía; los comportamientos osados impropios por los que tantos se inclinan; de las ocurrencias temerarias e irregulares que se registran a nivel tráfico vehicular todo, público y privado, un caos terrible.

Las normativas regulatorias con respecto a ese sector, solo existen en papeles, adornando los anaqueles del organismo estatal competente. Pero, además, solapan las violaciones recurrentes los padrinazgos, como los tráficos de influencia que se estilan para proteger a determinados infractores de la nueva Ley de Tránsito vigente de la República Dominicana (63-17): políticos, militares, funcionarios públicos, y sus allegados más cercanos, entre otros.

Es indudable que, en esa deprimente situación nacional que se describe más arriba, subyace la ignorancia alarmante que denota la sociedad dominicana, condición que crece en todo momento, como la verdolaga en tiempos de lluvia.

Y, ahora es que va a aumentar considerablemente, con el cambio de patrón educativo local introducido, desde lo presencial, muy mal aprovechado, por supuesto, a lo virtual, utilizando para este último pantallas de computadora, y de teléfonos celulares. ¡Ay mamacita!

Con ese nuevo invento, es que “la piña se va poner agria” en esta nación; pues con el primer método poco aprenden los estudiantes, debido a las displicencias de esos mismos, como las de los padres, que no quieren asumir los deberes que les corresponden en ese orden; al igual que, las verificadas en el ámbito docente, que tampoco está libre del mal. Profesores sin aptitudes, como tampoco vocación para enseñar, de ordinario se observan en las aulas de los sistemas, público y privado. ¡Innegable eso!

A partir de estos momentos es que menos se va a educar en este país. Las lagunas que vienen arrastrando nuestros jóvenes y adolescentes en materia de formación académica, a nivel de los conocimientos básicos que requieren los mismos para proseguir con sus estudios de grado superior, seguirán “viento en popa”, como se dice popularmente. Por igual, continuarán pasando vergüenzas, tanto aquí, como a nivel, de las llamadas pruebas PISA, debido a las deficiencias que acumulan.is

Y, como es lógico suponer, sin una educación adecuada para jóvenes y adolescentes, en todos los órdenes necesarios del conocimiento humano, la conciencia cívica ciudadana brillará más aún por su ausencia, con inducción directa hasta los mayores, y traslación generalizada hacia todos los sectores de la población dominicana.

Por todo lo expresado, se torna más que predecible, y hasta aseverativo a la vez, que este país seguirá “cuesta abajo”, como dice un tango famoso. Qué lo calificativos de Estado fallido, como de área selvática “encementada” dentro del área del Caribe, según los que así opinan, lucen estar bastante cerca de la verdad.

¡Así nunca imaginé mi país!, vale reiterar; como, es posible que. también haya ocurrido con otros nacionales, a quienes el mismo por igual les duela.

Autor: Rolando Fernández

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