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¡Qué no se quejen por el COVID-19!


El criterio más acertado sobre ese virus, que a tantas personas viene afectando a nivel de la sociedad mundial, parce ser, independientemente de que haya sido creado, o hecho brotar por el hombre, como intermediario elegido,   es  el producto de una causal, de la cual no se quiere reconocer su materia prima: la degeneración de la sociedad mundial en todos los órdenes, que cada vez crece exponencialmente, y en los que se destacan con primacía,  los aspectos de carácter-socio-morales más deplorables, por un lado; como, los egoísmos avasalladores, con los que tratan de manejarse siempre los que se creen dueños de cuánto terrenal existe.
Ese virus de naturaleza inescrutable, por lo que se advierte, que ha puesto el mundo de rodillas; y que ha inquietado sobremanera a los científicos más connotados, a pesar de los avances tecnológicos de que disponen; al tiempo de decirles que, ¡ustedes no las tienen todas consigo!, parece provenir de un plano de conciencia muy distinto al terrenal, como queriendo dar una lección punitiva a los hombres (general): recordarles que, deben cambiar de actitudes, y los comportamientos impropios que observan; que, es innegable, no están acordes con su real esencia: espiritual. Además, luce como tener mayor incidencia en determinadas naciones, como si fuera algo adrede. ¿Por qué será?
Que, por más que se investigue, se analice, o se teorice con respecto al mismo, solo en el marco de la mente humana, no podrá ser descodificado; que los laboratorios terrenales muy poco lograrán descubrir con relación a ese; y, mucho menos se obtendrán medicamentos efectivos reales, o vacunas, que se puedan administrar a los afectados.
Que la  cura de esta pandemia, como de otras, devastadoras para la especie humana, que podrían venir en el futuro, hay que procurarla en el interior mismo de cada hombre, o mujer; cuando se esté dispuesto a voltear la mirada y los pensamientos requeridos, hacia el interior, en busca de la expansión de conciencia necesaria; como, de asimilar contritamente la real esencia de la especie, que es la que debe mover a toda acción en el plano de la materia física densa, como escuela primaria para comenzar a evolucionar las entidades espirituales encarnadas en el planeta.
¡El mundo debe revisarse!  De eso no hay duda alguna. El deterioro presente de los valores humanos, no debe proseguir tal cual, en los aspectos diversos relativos al diario vivir de la especie. ¡A concienciarnos todos pues!

Autor: Rolando Fernández
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