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Jugar con el dolor ajeno duele.


🥇Qué significa soñar con llorar
Foto archivo -

Por Marcelo Peralta.

En los actuales momentos de tragedia, nadie podrá venir a sustituir el dolor de las personas que han perdido a sus seres queridos, y otros que están en ciudadanos intensivos esperando a que se salve o no.

Los dominicanos debieran aprender ya a dejarse respetar y sacar de sus mentes a esos políticos que son como los perros “viralatas buscando retrojos dentro de la basura” y se impone castigar, dándole una lección cuando se realicen las elecciones presidencial y congresuales de que no "saquen un solo voto".

Castigar en las urnas a aquellos que están escribiendo cartas y haciendo sugerencias médicos sin saber ni “pío” de Medicina, en vez de exigir que aporten para comprar materiales en los hospitales a quienes estuvieron en el poder durante muchos y se llevaron los bienes del país para provecho personal.

Nadie en el país por potentados que sea tiene derecho ni facultad de erradicar el sufrimiento de lo ajeno, por el contrario, debían estar al lado de quienes padecen el desabrimiento cuando la desgracia destruye la vida de uno de sus parientes.

Esas son gentes que el dolor de los demás les parece que sucede a la distancia, que reaccionan cuando buscan un interés, pero que esas adversidades ocurren a diario, más aún, cuando en estos momentos en que el horno no está para galletitas con tanto dominicanos contagiados y otros en camas de muerte que en vez de ayudar, lo que hacen es ignorarlos y criticar a los que hacen lo imposible por salvar vidas.

Lo que pasa en el país con el coronavirus demuestra hasta qué punto llega la solidaridad de los seres humanos,  si somos maleables en emociones o si solidarios en la desgracia.

El país tienen que hermanarse y llorar sin que las lágrimas se sientan ruborizadas por los hermanos que han muerto.

Más si tenemos sensibilidad, debemos orar hasta la saciedad, por la salud de quienes están entubados; los hospitalizados y para que no se siga el coronavirus afectando a humanos en el mundo.

Es tiempo de dejarse de escribir cartas; hacer críticas contra quienes están luchando a manos peladas en los hospitales; en clínicas privadas; entrando enfermos, manejando ambulancias; arriesgando sus vidas para salvar a las ajenas, muchos, quizás, sin ni siquiera poder pasar agua por la garganta porque están viendo morir a sus hermanos a causa del coronavirus.

Esos que están criticando desde lejos, ¿Por qué no llaman a sus lacayos que se robaron miles de millones de pesos cuando estaban en el poder y usarlos para comprar equipos y alimentos para médicos, enfermeras y personal de apoyo al sistema de salud?.

Es bien pesada para los dominicanos sensatos; de las autoridades que se entregan en tratar de combatir el coronavirus con gran carga emocional de lo vivido que está trascendiendo en el amor por sus hermanos a fin de ayudar a salvar vidas.

En el lenguaje universal, los “héroes” del sistema de salud dominicano, por su entrega tratan de sobresalir por encima de cualquier muralla y fortaleza de esta situación, a pesar del deterioro del sistema de salud a que lo “hundieron” los que gobernaron en el pasado reciente y los actuales, pero a pesar de sea calamidad hacen lo humanamente posible por salvar a los afectados.

Nos referimos a esos "titanes como los médicos, enfermeras, personal de apoyo a la salud, camilleros, choferes de ambulancias, los del 9.1.1.; guardias, policías, quienes entregan sus vidas por los demás para salvar las ajenas".  
  
El actuar dolor que estamos viviendo los dominicanos que tenemos sensibilidad humana es el nominal que nos pone a prueba, jamás seremos capaces de sustituirlo, pero sí tratar mitigarlo en quienes lo padecen y no para estar jugando y burlándose y lanzando críticas contra quienes tratan de hacer lo que puedan, poniendo de antemano su vocación.

Opinamos que, estamos seguros, de que tampoco el tiempo lo cura todo, debido a que la vida en sí es puro tránsito, un simple trámite, un préstamo en que muchos se consideran indispensables y mejores que los demás; pero cuando morimos, ni siquiera la ropa que tenemos nos permiten llevarnos.

Lo que sí es real, que el tiempo es una pura invención del hombre iluso que juega con las manecillas de un reloj como si estuviera administrando el devenir del destino.

Ese iluso que se cree haber comprado a la República Dominicana como si fuese una parcela de su propiedad, en que todo lo que dice y escribe cree que tener la razón absoluta, hay que hacerle entender que a la vida no se la mide por horas, sino por la capacidad de amar.        

De las tragedias, hay que aprender a convivir con los afectados, porque somos portadores de una capacidad infinita para actuar, asociándonos con aquellos que son los que más lo necesitan en estos momentos aciagos, y no, hacer críticas a quienes lo están dando todo, hasta la "sombra de su cuerpo" para salvar vida de los enfermos.

Quienes están en los estercoleros partidos y el quehacer político debían ponerse los uniformes de los médicos y enfermeras, de los paramédicos, camineros, choferes de ambulancias o a lavar los muertos para ver si eso es "pajas de coco".

Esos políticos “viralatas” actúan de esa manera, porque lo único que han hecho en su infausta vida, es aprovecharse de los demás para obtener pingües beneficios y enquistarse en el poder como los parásitos, que en  donde se pegan jamás quieren quitarse.

En las elecciones presidencial y las congresuales, si es que Dios lo permite que se celebren a causa del coronavirus, dependerá de los dominicanos si les dan pasos a esas “sanguijuelas”.

Es una necesidad impostergable dejar atrás al inútil y demostrar que cuando nos emociona el dolor ajeno no es por pura casualidad, sino que somos vulnerables a situaciones adversas y no podemos permitir que nadie juegue con los sentimientos ni las desgracias ajenas.

Hay que tener bien claro que la providencia puede ser tan cruel como benefactora, pero siempre estaremos a expensas de una sola vida; no más de una oportunidad y el esperar un instante a que la desgracia toque nuestra puerta, porque después será muy tarde para hacer muchas cosas. 

La desgracia no hay que salir a buscarla, sino que llega cuando menos la espera, porque somos portadores de estos principios activos, al que los órganos vitales que nos permiten ciertas licencias y retos, aunque muchos se empeñan en desterrar la humildad, pero son los mismos incapaces que ni sienten ni padecen. 

Cada ser humano es único e intransferible; se nace y se muere, pero está la vida llena de conceptos a unos y de retos a otros. 
        
Mientras vida tenga hay que sentirse útil hacia los demás, ya que tarde que temprano, vamos a morir.

Hay momentos en que se puede vivir siendo solidario con los demás, ofreciendo ayuda, amor y consolar ante la desgracia ajena y no burlarse del “caído”·Fuente: [ + ]
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