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Cambio, cambio. ¡El cambio va!



Ese es el término que más se ha venido escuchando durante estos tiempos preelectorales, en que está   totalmente imbuida Dominicana; que, con ímpetu marcado se pronuncia siempre; y, como es obvio suponer, predomina entre la seudo oposición política que se gastan los ciudadanos de esta nación, y las bocinas pagadas, que también esa tiene.
Se aprecia como indiscutible que, el cambio que se está ofreciendo se reporta más que necesario, dado el escenario político-social-económico, insoportable, que en la actualidad rige; despreciable en todos los sentidos, no cabe duda alguna.
Ahora, la gran pregunta que mucha gente pensante en esta República se está haciendo, de esa que no se deja comprar con vágatelas es: quién de los que se están ofertando en estos momentos, para dirigir los destinos del país próximamente, de cara a los comicios que se avecinan, podría introducir, con voluntad y firmeza, las enmiendas requeridas, dejando de lado la obligatoriedad de tener que reciprocar  con los personajes más connotados del poderoso empresariado local, que por lo regular patrocina y financia campañas proselitistas.
Lo que se advierte con gran facilidad es que, por más alharacas y promesas que se escuchen a diario, aquí nadie va a cambiar nada. Es bastante notorio que, las cosas van a continuar igual, o de mal en peor.
Todos estos seudo líderes, títeres más bien en su mayoría de los poderosos del país, y hasta del extranjero, suben al trono presidencial de la nación, con las manos totalmente amarradas; tienen que acogerse a determinadas directrices que les son trazadas.
Lo único que puede suceder aquí es, que las riendas del caballo, el poder, tan anhelado, pasen a otras manos análogas a las que están, probablemente, si es que el oficialismo actual falla en sus intentos por quedarse “subido en el palo”.
Los que vengan seguirán sirviendo a los mismos sectores adinerados gravitantes que hoy prevalecen en esta República. Eso de pensar en el bienestar y desarrollo de este pueblo, pasó de moda hace tiempo.
Solo hay que reparar en que, se están siguiendo los mismos patrones de estilo para llegar al Palacio Nacional, sustentados en: ¡“apóyenme, que después hablamos”! ¡“¡Lo tuyo viene, conjuntamente con lo mío”!
Y, como es obvio suponer, “todos los que cocinan, siempre van después, detrás por el concón”, como reza un dicho popular. Nadie invierte en candidato alguno por amor al arte, no dándose entre nosotros la excepción.
Por tanto, cuando se logra alcanzar los cargos electivos nacionales más importantes, hay que compensar a los que catapultan, y solventan campañas, ya sea condonándoles deudas pendientes con el fisco; o, liberándoles de gravámenes impositivos procedentes, entre otras gracias estatales que se conceden, y que normalmente van en perjuicio del pueblo mismo, el burro de carga “por excelencia”, para soportar nada más.
Luego, continuándose una vez más, con ese sistema de la mal concebida democracia representativa que se tiene en Dominicana, ¡qué a ningún pueblo representa!, ¿qué es lo que va a cambiar? ¡Nada!
Entonces pues, bobos, los que sigan creyendo en todos estos farsantes politiqueros de nuevo cuño, que solo están pensando en sus intereses; en sus haberes adquiridos, y por adquirir, como en los de sus grupos económicos respaldantes.
Pueblo, “¡Ojo al Cristo!”, que, para engaños y mofas, está bueno ya.

Autor: Rolando Fernández
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